Venezuela – Pactos de conciliación política (1958-1998)

Lo que algunos historiadores coinciden en denominar Transición venezolana, comprende el período democrático actual iniciado tras el derrocamiento de la última dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez.

El 31 de octubre de 1958 se firma el Pacto de Punto Fijo, que directa o indirectamente involucra a AD, COPEI, URD, Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), la Iglesia y las Fuerzas Armadas. El Pacto determina los principales actores de nuestro sistema político y las pautas de gobernabilidad que encuadrarán sus relaciones. Las relaciones entre los principales partidos venezolanos se darán respetando ciertas reglas de juego. La permanencia es asumida por todos como más importante que la victoria en cualquiera de los muchos episodios de rivalidad política que habrán de desarrollarse. Así, de acuerdo a sus términos explícitos, los partidos que lo firmaban se comprometían a reconocer los resultados electorales, a formar un gobierno de coalición en torno al presidente que resultara elegido para ese primer periodo post-dictatorial, y a llevar adelante un programa mínimo común que luego se anexaría al Pacto, como parte constitutiva de él.

A manera de cronología el profesor Herbert Koeneke, docente Titular de la Universidad Simón Bolívar describe a continuación el retorno a la democracia y los pactos de conciliación política (1958-1998):

  1. Al salir Pérez Jiménez del gobierno y del país, se instaló una junta provisional de gobierno que presidiría el contralmirante Wolfgang Larrazábal (23/01/1958-14/11/1958). En su breve gestión alcanzó altos niveles de popularidad, entre otras razones, por la puesta en marcha del llamado “Plan de Emergencia”. Presentó su candidatura para la elección presidencial del 7 de diciembre, habiendo quedado en segundo lugar detrás de Rómulo Betancourt.
  2. Betancourt, electo con el 49,18% de la votación, tomó posesión del cargo el 13 de febrero de 1959 y procedió a integrar un gabinete de coalición, según lo acordado en el Pacto de Punto Fijo, para garantizar la gobernabilidad. El PCV no fue incluido en dicho gabinete, pero logró obtener 2 senadores y 7 diputados al Congreso Nacional.
  3. Esa no inclusión de los comunistas sería uno de los pretextos utilizados por ellos y por los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para asumir la lucha guerrillera desde principios de los años 60, cuando en realidad pretendían imitar y ejecutar una revolución como la cubana en Venezuela.
  4. A través de diversas estrategias comunicacionales se dedicaron a promover el desconocimiento del gobierno y la insurrección, así como acciones de terrorismo.
  5. En algunos actos insurreccionales estuvieron involucrados, además de los dirigentes marxistas, oficiales activos de las FFAA: “El Guairazo” (28/02/1962), “El Carupanazo” (4/05/62), “El Porteñazo” (2/06/62). En virtud del fracaso de esas acciones se incrementó el terrorismo urbano (asaltos, secuestros, sabotajes, incendios, detonación de explosivos).
  6. Rómulo Betancourt enfrentó en forma recia esa confrontación y promovió una decisión mediante la cual se excluía a Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) por sus estrechos nexos con el terrorismo y la guerrilla venezolana (31/01/62).
  7. La gestión de Raúl Leoni (1964-1969) estuvo asimismo asediada por conspiradores, terroristas y guerrilleros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Éstas, ante el fracaso de los alzamientos de 1962 en Carúpano y Puerto Cabello, habían optado por centrarse en la guerrilla rural, lo que tampoco les dio resultados por el rechazo mayoritario del campesinado.
  8. Hubo durante ese período desembarcos de guerrilleros y militares cubanos en Tucacas (24/07/66) y en Machurucuto (8/05/67), así como el secuestro y asesinato del presidente del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), Julio Iribarren Borges (3/03/67), lo que motivó la suspensión de las garantías constitucionales.
  9. Con el triunfo de Rafael Caldera en los comicios del 1 de diciembre de 1968 se produjo una alternancia partidista en la Presidencia de la República y se llegaría a concretar la pacificación guerrillera.
  10. A pesar de que en su gestión no conformó un gabinete de coalición, promovió un acuerdo parlamentario para la elaboración y presentación de proyectos de ley, para la designación de las directivas del Congreso y para la designación de funcionarios como el Fiscal General y el Contralor General de la República (“Pacto Institucional”).
  11. En las siguientes administraciones de Carlos Andrés Pérez (1974-79), Luis Herrera Campíns (1979-84) y Jaime Lusinchi (1984-89) se mantuvo la alternancia partidista, lo que puso en evidencia la importancia que para los ciudadanos tenía el “voto castigo”.
  12. En los comicios del 4 de diciembre de 1988, con el triunfo del candidato del partido oficialista, Carlos Andrés Pérez, se rompió esa tendencia y se pudo constatar la prevalencia de aspiraciones mesiánicas entre electores que sufragaron por quien había presidido la “Gran Venezuela” (1974-79). Con lo que se echaban las bases para una frustración colectiva de tales expectativas.
  13. El “Caracazo” (27/02-1/03/1989), con su trágico saldo de muertos y heridos, no solo evidenció esa frustración, sino que reforzaría además el creciente descontento y el escepticismo hacia los políticos tradicionales. Lo que trataría de ser aprovechado por militares organizados en logias para derrocar al gobierno de Pérez en 1992 (4-F y 27-N).
  14. Con el enjuiciamiento y remoción del Presidente en mayo de 1993, se abrieron las puertas para que Rafael Caldera se impusiera en los comicios de diciembre de ese año. La abstención se ubicó en 39,84%, señal del escepticismo reinante, que sería reforzado con la aplicación de un programa de ajuste económico en 1996. A Hugo Chávez, sobreseído en 1994, esa situación le serviría de bandera electoral en 1998.

La conflictividad en el régimen híbrido del chavismo (1999-2016)

  1. Con un discurso divisionista y agresivo, conocido como “grupo-céntrico”, Hugo Chávez ganó la elección presidencial del 6 de diciembre de 1998 con el 56,2% de la votación, en medio de una abstención del 36,5%. Su oferta electoral estuvo centrada en la convocatoria de una Asamblea nacional Constituyente (ANC) para ponerle fin a la “Corruptocracia Puntofijista”.
  2. Ese tipo de discurso, que tiende a activar resentimientos, no solo obstaculiza negociaciones con el adversario, sino que impide además la sinergia. No obstante, como instrumento proselitista, le sirvió a Chávez para ser reelecto en 2000, 2006 y 2012.
  3. La conceptuación del opositor como un enemigo, en lugar de un adversario en temas y momentos específicos, condujo a su administración a prescindir de consultas no solo a políticos de oposición, sino también a organizaciones de la sociedad civil (empresariales, sindicales, culturales, de derechos humanos) con capacidad de contribuir en el diseño de políticas públicas eficientes y eficaces.
  4. Su sucesor, Nicolás Maduro, electo el 14 de abril de 2013, ha seguido la misma línea discursiva y de acción, lo que ha incidido en la grave crisis de gobernabilidad por la que atraviesa el país. La cual es atribuida, por cierto, a la baja en los precios del petróleo y a la “guerra económica” desatada por “traidores a la Patria”.

Fuentes:
– El Caso Venezuela: una ilusión de armonía. Moisés Naím y Ramón Piñango. Ediciones Iesa, 1988.
– La política venezolana desde 1958 hasta nuestros días. Diego Bautista Urbaneja. Serie Temas de Formación Sociopolítica, UCAB, 2007.